Madrid: la Zarzuela ritrova Albéniz
Un dramma d’amore tra la forza incontenibile del desiderio e ciò che chiamiamo morale — che limita, imprigiona e costringe — lasciando che siano la musica e il canto a liberare ciò che si sente.
La nuova stagione del Teatro de la Zarzuela si apre con un nome di assoluto rilievo: Isaac Albéniz. Pur con una produzione lirica ridotta, il compositore ci ha lasciato un titolo che incarna e definisce l’opera spagnola: Pepita Jiménez, caposaldo del repertorio nazionale.
La nuova produzione è diretta da Guillermo García Calvo, che descrive la partitura come “un gioiello del nazionalismo musicale spagnolo che trascende le etichette”.
La potenza drammatica e l’intensità delle sue pagine trasformano questa storia in un concentrato di emozioni. La musicalità di ogni passaggio sostiene la passione che pervade il soggetto. In questa messa in scena, la forza orchestrale a tratti sovrasta le voci, rendendole talvolta poco udibili; tuttavia, non mancano momenti di pieno risalto per il tenore, che la partitura valorizza con generosità.
Quando la passione è così intensa, nasce una simbiosi tra pubblico e musicisti: tutti partecipano a ciò che accade, amano ciò che viene amato. Il carattere inequivocabilmente spagnolo — e in particolare andaluso — della scrittura conferisce all’opera un’identità inconfondibile. Albéniz attinge ai giri melodici del più puro folclore iberico, trasformandoli con una maestria assoluta.
È il conflitto morale a muovere la vicenda: il difficile equilibrio tra etica e sentimento colora tutto, di rosso o forse di nero. Due giovani — lei, una vedova; lui, quasi sacerdote — incarnano un amore proibito, una storia di repressione e desiderio che ruota attorno a un unico asse: la frustrazione.
Dal 1896, anno della prima rappresentazione — curiosamente in lingua italiana — fino a oggi, l’opera conserva intatta la sua forza drammatica e la capacità di riflettere le zone d’ombra dell’amore negato.
Nel 1964 fu rappresentata per la prima volta in spagnolo proprio sul palcoscenico del Teatro de la Zarzuela, che oggi la accoglie nuovamente sotto la regia di Giancarlo del Monaco. La sua è una lettura fortemente visiva e di grande impatto, capace di compensare la relativa staticità del dramma. Veli che cadono o scorrono creano texture e movimento, mentre una grande struttura — ancora una volta di impalcature — ruota generando un effetto scenico imponente, tipico del linguaggio di Daniel Bianco, valorizzato dalle luci sobrie ed efficaci di Albert Faura. Raffinata e misurata anche la linea dei costumi, firmata da Jesús Ruíz.
Sul piano vocale domina la figura di Carmen Romeu, che dà vita a una Pepita intensa e luminosa. La giovane vedova consunta dal desiderio per Luis de Vargas trova in lei un’interprete di forte carisma scenico e notevole controllo vocale.
Al suo fianco, Leonardo Caimi disegna un seminarista di voce potente e fraseggio elegante. Romeu, già applaudita in Marina nello stesso teatro, conferma qui la sua maturità interpretativa in un ruolo di rara complessità e tensione emotiva.
Ricardo Ladrón de Guevara
(18 ottobre 2025)
Originales en español
Un drama de amor entre la fuerza indetenible e irrefrenable del deseo y eso que llamamos moral, que limita y encierra, para que sea la música y el canto quienes hagan volar la libertad de lo que se siente.
La nueva temporada del Teatro de la Zarzuela comienza de la mano de nada menos que Isaac Albéniz, quien, a pesar de su escasa producción lírica, nos lega una ópera que simboliza y define la creación operística española: su Pepita Jiménez, obra sempiterna del repertorio nacional. Esta nueva versión cuenta con la dirección musical de Guillermo García Calvo, para quien la obra —y en especial su música— “es una joya del nacionalismo musical español que trasciende las etiquetas”.
Y es que la intensidad y la fuerza dramática que imprimen sus notas convierten esta historia en un cúmulo de sensaciones y emociones. La musicalidad de cada pasaje es el sostén de la pasión que caracteriza este argumento. Cabe señalar que, en este montaje, en varias ocasiones la música sobrepasa las voces, haciéndolas por momentos inaudibles. Sin embargo, también hay que reconocer que son varios los instantes de lucimiento que el tenor disfruta gracias a la partitura.
Cuando hay tanta pasión en juego, se crea una simbiosis entre el público y los músicos en la que todos viven lo que se está viviendo y aman lo que se está amando. El tono inequívocamente español —y especialmente andaluz— de la partitura dota a esta ópera de una identidad innegable. Hay giros melódicos que Albéniz toma del más puro folclore español y los transforma con absoluta maestría.
El dilema moral hace la historia: esa difícil relación entre moral y sentimientos lo tiñe todo, de rojo o quizá de negro. Dos jóvenes —ella, una viuda; él, prácticamente un sacerdote— encarnan el amor más prohibido y protagonizan una historia de represión y deseo que gira en torno a un mismo eje: la frustración.
Desde 1896, cuando se representó por primera vez —en italiano, por cierto— hasta hoy, la obra permanece incólume en su fuerza dramática y en ese espejo de emociones turbias que despierta el amor no permitido. En 1964 se interpretó por primera vez en español, y fueron las tablas del Teatro de la Zarzuela las que le ofrecieron cobijo. Ahora, una vez más, vuelve a este escenario bajo la dirección escénica de Giancarlo del Monaco, quien presenta una propuesta tremendamente visual y efectista, compensando la relativa ausencia de acción que caracteriza a la historia. Telas que caen o se deslizan crean texturas y, sobre todo, movimiento. Y una colosal estructura —una vez más de andamios— gira y genera un efecto de gran vistosidad, propio de Daniel Bianco, junto a la sobria y acertada iluminación de Albert Faura. Se destaca también la elegantísima y contenida propuesta de vestuario, firmada por Jesús Ruíz.
Las voces están comandadas, como no podía ser de otra manera, por la brillantez y fuerza de la soprano Carmen Romeu, en el rol de Pepita, la joven viuda consumida por el deseo hacia Luis de Vargas, el seminarista interpretado por Leonardo Caimi, poseedor de una potencia vocal innegable, gran sonoridad y un fraseo exquisito. Romeu, quien recientemente nos deleitó en Marina en este mismo teatro, vuelve a demostrar su fuerza interpretativa en esta exigente y dramática encarnación de Pepita Jiménez.
La Pepita que llora y sueña sobre estas tablas ha llegado para estremecernos y hacernos vibrar. Y así, con justicia, se ha ganado nuestros aplausos.
Ricardo Ladrón de Guevara
La locandina
| Direttore | Guillermo García Calvo |
| Regia | Giancarlo Del Monaco |
| Scene | Daniel Bianco |
| Costumi | Jesús Ruiz |
| Iluminación | Albert Faurá |
| Personaggi e interpreti: | |
| Pepita Jiménez | Carmen Romeu |
| Luis De Vargas | Leonardo Caimi |
| Antoñona | Ana Ibarra |
| Pedro De Vargas | Rodrigo Esteves |
| Vicario | Rubén Amoretti |
| Conde De Genazahar | Pablo López |
| Primer Oficial | Josep Fadó |
| Segundo Oficial | Iago García Rojas |
| Orquesta de la Comunidad de Madrid-Titular del Teatro de La Zarzuela | |
| Coro del Teatro de la Zarzuela | |
| Maestro del coro | Antonio Fauró |










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